sábado 11 de julio de 2009

Sobre Editorial "Iglesia y politiquería" de El Colombiano

Señora Directora,

Valiente, oportuno y atinado es el editorial “Iglesia y politiquería”, que se refiere a la reciente intervención de algunos Obispos del país en el tema de la posible reelección presidencial.
Valiente plantear públicamente un respetuoso llamado de atención a quienes, por su ministerio, deben ser ante todo pastores. Oportuno porque la insistencia de algunos prelados en el tema empieza a preocupar y a generar confusión en tantos católicos de a pié. Y atinado porque el editorial consulta los principios de la Doctrina social de la Iglesia y de la misión sacerdotal.
Ojalá aquellos prelados que han cedido a la tentación mediática de opinar sobre cuestiones estrictamente políticas, recuerden que el mundo espera que la Iglesia sea ante todo una fecunda fuerza moral y espiritual. Y que, una sana laicidad supone reconocer que “es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios, esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonomía de las realidades temporales […] la construcción de un orden social y estatal justo […] es una tarea fundamental que debe afrontar de nuevo cada generación. Tratándose de un quehacer político, esto no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia […] La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado” como recordaba Benedicto XVI en su primera encíclica.

Atentamente,
Iván Garzón Vallejo.

Publicado en El Colombiano, Medellín, 10 de julio de 2009, p. 2A.

El Editorial puede leerse en:
http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/I/iglesia_y_politiqueria/iglesia_y_politiqueria.asp
Bogotá, 11 de julio de 2009.

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miércoles 8 de julio de 2009

La insulsa OEA

Hay que sospechar cuando existe unanimidad en la comunidad internacional acerca de un asunto importante. No es frecuente esa situación, pues hasta la impopular intervención de Estados Unidos en Irak tuvo sus fervientes defensores. Por eso, la unanimidad ante la crisis en Honduras invita a un análisis que trascienda las bienintencionadas declaraciones pro-democráticas.

En la crisis hondureña, América Latina ha echado de menos la presencia de un árbitro justo, legítimo y ecuánime, que ayude a recomponer la situación del país centroamericano. Naturalmente la OEA es ése árbitro. Sin embargo, su actuación ha sido francamente sesgada, contradictoria, y por ello ilegítima. Traigo a colación sólo dos hechos para argumentarlo.

Primero, no se entiende cómo internacionalmente se puede respaldar en forma unánime a Zelaya, un presidente que, con sus propios actos fue desestabilizando la democracia hondureña al desconocer las decisiones de la Corte Suprema y del Tribunal Electoral, e involucrar indebidamente a los militares (Chávez entre ellos) para asegurar sus propósitos reeleccionistas. Es decir, si bien la legitimidad de origen del gobierno de Manuel Zelaya es indudable como quiera que fue elegido por una votación popular, quienes se indignan por el rompimiento del orden constitucional deberían recordar que todo esto comenzó con sus maniobras des-institucionalizadoras. Por lo tanto, él mismo se encargó de debilitar su legitimidad como señaló un editorial de El Mundo (Ilegitimidad del gobierno Zelaya, 3/7/2009).

Por ello, es inexplicable que en el viaje a Tegucigalpa, que tenía el propósito de hacer un análisis de la situación, el Secretario General de la OEA se haya reunido con los candidatos y los dirigentes de los partidos, con el Cardenal Rodríguez Madariaga, con jueces, con fiscales, con organizaciones sociales, y hasta con el embajador de Estados Unidos, menos con Micheletti o alguien de su gobierno. Tal hecho cuestiona que su interés haya sido contribuir a normalizar la situación. Quizás por ello le enrostraron que la OEA es una organización política y no un tribunal de justicia. Pero además, la actitud de Insulza le dio la razón a quienes interpretan su gestión como una búsqueda de votos para su reelección, y no como una desinteresada mediación.

Segundo, no se entiende cómo la misma organización interestatal que le da un ultimátum a uno de sus miembros para restituir en su cargo al presidente exiliado, sea la misma que hace caso omiso de las graves denuncias que ha hecho el alcalde de Caracas por la flagrante violación del régimen chavista de los parámetros democráticos. Antonio Ledezma está haciendo una huelga de hambre desde el viernes pasado para llamar la atención de la OEA, pues Chávez dispuso la creación del Jefe de Gobierno de Caracas (nombrado por él mismo), haciendo ineficaz su autoridad democráticamente elegida.

Hablando de contradicciones, hace unas semanas la OEA empezó el proceso para reincorporar a Cuba en su seno, pasando por alto por lo menos diez de los veintiocho artículos de la Carta Democrática Interamericana. ¡La misma Carta que hoy enarbolan ante Honduras! Ello pone de presente la existencia de un doble rasero en el organismo, como lo hizo notar Mauricio Vargas en El Tiempo (6/7/2009).

En el análisis de la situación hondureña, valdría la pena tener en cuenta que a la larga, la comunidad internacional termina otorgándole legitimidad a los hechos puros y duros. De otro modo, habría varias naciones parias en el mundo. Además porque a pesar de la globalización y los comités democráticos internacionales, la soberanía y la capacidad de resolución de los asuntos internos sigue siendo un pilar del derecho internacional. Aunque a veces, las cosas se hagan a las malas. El rechazo al gobierno de facto será pasajero, y quizás, ya sea momento de empezar a recomponer la situación y no castigar a la población.
Mientras tanto, a Correa, Fernández de K., e Insulza les va tocar planear otra excursión.

Apostilla: Una vez más la revista Soho acompaña sus desnudos con imágenes y símbolos religiosos, una fórmula que menosprecia el valor de éstos y los ridiculiza. Si la mayoría de los colombianos fueran judíos o musulmanes, quizás no harían lo mismo sistemáticamente.

Publicado en El Mundo, Medellín, 9 de julio de 2009.

Bogotá, 7 de julio de 2009.

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jueves 25 de junio de 2009

Procurador: !no se meta!

No hay peor ciego que el que no quiere ver, por eso, la respuesta del magistrado Augusto Ibañez a la intención de Alejandro Ordóñez de mediar en el conflicto entre la Corte Suprema y el Presidente de la República no pudo ser más destemplada: “¿Qué va a arbitrar el Procurador? Nosotros no reconocemos contendiente ni lo tenemos. Al acatar la Constitución y la Ley, simplemente estamos cumpliendo con nuestro deber y competencia” dijo Ibáñez ¡a una semana de que éste les enviara la carta! Por otro lado, la excesiva prudencia que ha mostrado el Presidente en el caso de las ‘chuzadas’ del DAS dan para pensar que el desdén es una forma de contribuir a incrementar la indignación de los magistrados. Como si fuera poco, ha habido un visceral rechazo de algunos de quienes más indignados se han mostrado por el ‘choque de trenes’, y que uno pensaría que desean su solución. Así, con su acostumbrada ligereza argumentativa, María Jimena Duzán comparaba la gestión de mediación del Procurador con la mediación de paz de alias ‘Karina’ y la fallida propuesta que en el mismo sentido hizo Mancuso. Sin comentarios.

Por ello, y amén del tiempo que lleva esta guerra de comunicados y declaraciones públicas, he llegado a la conclusión de que ésta es una pelea que no va terminar mientras Uribe esté en el poder, pero que sobretodo, a unos y a otros les conviene estar enfrentados. Me explico. Hoy en día pocos dudan de que la Corte asumió una actitud política hacia todo lo que huela a uribismo. Sus razones tendrán, y no serán ni los primeros ni los últimos jueces imbuidos por la politización de la justicia. Entretanto, Uribe se ha sentido desafiado personal y políticamente por algunas de las decisiones de esta corporación. Por eso, la cuestión en este punto no es quién tiene la razón, pues los dos seguramente la tienen en muchos aspectos, y para ello invocan argumentos jurídicos válidos. Sin embargo, es como cuando una pareja de esposos se quiere separar: en ese punto ya no importa quién tiene la razón o quién empezó: la solución depende de los dos. Me temo que entre los representantes del ejecutivo y el judicial eso no va suceder.

El Presidente quiere seguir peleando con la Corte. Le conviene hacerlo, pues no sólo parece estar convencido de que tiene la razón, sino que su popularidad depende de mantener un discurso duro frente a todo lo que huela a terrorismo y deslegitimación del Gobierno. Y en esto la Corte le ha dado la razón cuando ha negado algunas extradiciones o ha proferido decisiones con un propósito sospechosamente político.

De otro lado, la Corte Suprema no sólo ya está jugada en una pelea que los magistrados asumieron como un asunto personal, sino que saben que hay un consenso mediático que los favorece (que la oposición aprovecha), y por eso cada hecho adicional de este rifirrafe juega en contra del Gobierno, pues ellos representan la ‘solemnidad’ de la justicia y el Presidente el autoritarismo desinstitucionalizador. La Corte no va ceder porque sigue teniendo la sartén por el mango, es decir, las investigaciones de la ‘parapolítica’ están lejos de acabar, y seguramente, vendrán más escándalos y shows mediáticos de congresistas que son detenidos para ser interrogados. No hay que olvidar que ya insinuó su intención de terciar en la suerte del referendo reeleccionista.

Es una lástima, no sólo porque el check and balances (pesos y contrapesos) de las ramas del poder público no debería darse en términos personalistas ni tan agrios y poco constructivos, sino porque en medio de este ánimo pendenciero el Presidente y la Corte Suprema no están sopesando los graves elementos institucionales que la misiva del Procurador les quiso hacer ver: que la ponderación de los funcionarios públicos es un deber, que la colaboración de los poderes públicos es un mandato constitucional, que se debe evitar la injerencia en las funciones del otro órgano respetando su independencia, y que es inconveniente anunciar fallos judiciales por los medios de comunicación.

Apostilla: Una Asamblea Constituyente sería el plan C del uribismo para la segunda reelección. ¿Un intento desesperado por imitar los regímenes de Venezuela, Ecuador y Bolivia, o una broma de mal gusto?

Publicado en El Mundo, Medellín, 25 de junio de 2009.

Bogotá, 23 de junio de 2009.

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martes 16 de junio de 2009

No a la despenalización de las drogas

Comparto una entrevista que, sobre el tema de la despenalización de las drogas, me hizo la Revista Conexión, de la aerolínea AIRES:

http://www.revistaconexion.net/MAYO/CARAYSELLO.pdf

Bogotá, 16 de junio de 2009.

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sábado 13 de junio de 2009

Causas Sagradas, de Michael Burleigh

Con prosa envolvente, una notable documentación histórica aunada con ironía perspicaz, Michael Burleigh logra con este libro relatar cómo los totalitarismos fueron religiones políticas que pretendieron ser para las masas unos sustitutos del cristianismo en Europa. El texto es la continuación de uno publicado en 2005, y que goza del mismo interés y rigor investigativo: Poder Terrenal. Religión y política en Europa. De la Revolución francesa a la primera Guerra mundial. En los dos, el historiador inglés detalla cómo desde los jacobinos hasta Al Qaeda, pasando por el comunismo, el fascismo y el nacionalsocialismo, en Occidente se ha impuesto la tendencia a hacer de la política una suerte de culto civil, una religión sustituta que cuenta con sus propios ritos, sacerdotes, símbolos, liturgias y herejías sustentadas en un credo único, lugar que ocupaba la respectiva ideología política. Burleigh detalla algunos de los absurdos y horrores a los que ha conducido tal fenómeno en la centuria pasada, y se lamenta de que ante este panorama, en la Europa actual el secularismo se haya convertido en la ideología políticamente correcta que, curiosamente, ignora los efectos culturales y políticos de una creciente migración musulmana que se atrinchera en guetos cual pruebas piloto del gobierno de la sharia, en lo que algunos, invocando cierto profetismo han denominado Eurabia.

Causas Sagradas puede ser leído como una historia del siglo XX que asume como metadiscurso narrativo la forma como los totalitarismos devinieron en feroces persecuciones religiosas. La razón es simple: en las iglesias encontraron el gran obstáculo para la realización de sus obnubiladas pesadillas y de su proyecto de crear un “hombre nuevo” a imagen y semejanza de la ideología totalitaria. En este sentido, teniendo en cuenta su declarado agnosticismo, es muy sugerente la argumentada defensa que el autor hace del papel de la Iglesia durante el Holocausto, y especialmente de Pío XII a quien infamemente algunos han llamado el “Papa de Hitler”. En este punto, el interés del libro reside en aportar al debate público hechos acaecidos en los diferentes países europeos durante la Segunda Guerra que demuestran que las tesis que sostienen que la Iglesia Católica –el Papa el primero– coadyuvó con el genocidio de los judíos son infundadas.

Siguiendo la estela planteada por autores como Alexis de Tocqueville, Franz Werfel, Eric Voegelin y Raymond Aron, que hicieron alusión a una religión política, Michael Burleigh cree encontrar en este concepto el gran hilo conductor de la historia moderna europea desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Este fenómeno no solo ha definido el tono de la relación entre la Iglesia y el Estado en las diferentes naciones, sino que además explica buena parte de lo ocurrido durante la Revolución Francesa, las dos guerras mundiales, los campos de concentración, la década de los sesenta, el conflicto en el Ulster, el 11–S, y ofrece claves de lectura para comprender el actual panorama político europeo signado por la obsesión de “borrar del mapa” al cristianismo.
Así, en el contexto del enrarecido debate sobre la secularización y el laicismo de las sociedades actuales, el concepto de religión política que retoma Burleigh es quizás el mayor aporte al debate intelectual tanto de Poder Terrenal como de Causas Sagradas. En los dos libros no se profundiza en el concepto como tal ni se exploran sus notas filosóficas. Allí hay una carencia que se les puede imputar aunque el autor no la identifica como un objetivo a conseguir. No obstante, a mi modo de ver, el mérito de las dos obras de Burleigh está en documentar dicho concepto, en recrearlo en la historia de la Europa moderna apartándose de una forma de hacer historia políticamente correcta que, al tiempo que se indigna absoluta y moralmente con el terror del nazismo cree hallar en la Iglesia uno de sus cómplices, lo cual, paradójicamente, terminaría exculpándolo o, cuando menos, atenuando su culpa. Una forma de hacer historia en la que el comunismo fue un mal menos grave que el nazismo y el fascismo, una interpretación que algunos intelectuales aún ilusionados con la revolución marxista se niegan a revisar. Una forma de hacer historia según la cual, a pesar de los horrores imputables a las religiones políticas totalitarias, Occidente sigue estando regido por la irrefrenable tendencia histórica hacia la absoluta secularización de la sociedad, augurando una época en la que se retornará a la ausencia de dioses de la antigüedad pagana. Aunque mejor sea decir, a la multiplicidad de dioses a los que se rinde culto en una exacerbada sociedad del mercado, el nihilismo y la tecnocracia.

Mirando el contexto mundial actual, Causas Sagradas señala que el modelo secularizado europeo es más bien una excepción política. Allí están los Estados Unidos, la India, la China (por defecto) y el Medio Oriente para comprobarlo. La gran pregunta que parece sugerir el autor es si Europa está dispuesta a diagnosticar correctamente su propia enfermedad para poder curarse, y así no repetir su triste historia reciente.

Con esta genial obra, Burleigh ha aportado bastantes claves para ello.

Bogotá, 13 de junio de 2009.

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jueves 11 de junio de 2009

La seguridad en la agenda nacional

A modo de diagnóstico del escaso registro que tienen en las encuestas los precandidatos del Partido Liberal, Humberto de la Calle comentaba hace unos días en el imperdible programa radial Hora 20, que lo que no habían logrado hacer aquellos es sacar la cuestión de la seguridad de la agenda política del país, y por ello no representan una diferencia perceptible para los ciudadanos, pues Álvaro Uribe había copado exitosamente la cuestión de la seguridad y de la guerra, tema en el que es electoralmente invencible. Lo que deben hacer, apuntaba de la Calle, es “cambiar la política”, es decir, cambiar el centro de la discusión. En su momento, el análisis me pareció muy acertado, y aplicable a otros precandidatos presidenciales. Sin embargo, planteado como estrategia política de esta incipiente campaña presidencial estoy en desacuerdo con esta formulación, pues precisamente lo que no hay que hacer hoy por hoy en la política colombiana es desplazar la cuestión de la seguridad.

Básicamente porque la profundización de la seguridad democrática es un clamor nacional. Obviamente el ciudadano que aprueba la gestión del Presidente en un índice estable y cercano al 70%, no está pensando que un ejemplo de seguridad democrática es la conducta del soldado que asesina civiles y luego les pone uniforme de guerrillero para canjearlo en su batallón un fin de semana libre. Tampoco lo es la utilización del DAS para chuzar los teléfonos y correos electrónicos de algunas personalidades del país. Está pensando (creo) que no se puede perder el terreno ganado desde 2002 bajo el ropaje de nuevas ofensivas guerrilleras, del rearme de bandas emergentes, del crecimiento del narcotráfico y la delincuencia común. Está pensando que las cifras de secuestros, atentados y homicidios se tienen que seguir reduciendo.

Hacer de la política de seguridad democrática una política de Estado no sólo coincide con la naturaleza de un Estado moderno, sino además con la prudencia y el buen juicio que deben tener quienes aspiran a gobernar el país. Acá estamos ante hechos, cifras y datos irrefutables que este Gobierno ha exhibido con absoluta contundencia. No se trata de una retórica bien diseñada, pues incluso las argumentaciones grandilocuentes de ciertos asesores quizás hayan contribuido a polarizar (y unificar) a los opositores. Tengo la impresión de que parte de las señales equívocas que el Presidente ha enviado de si quiere continuar o no en la Casa de Nariño después de 2010 obedecen a la falta de honestidad de algunos sectores de la oposición a reconocer los logros de esta política. Su error ha consistido en confundir la seguridad democrática como política de Estado con el estilo que le ha impreso el Presidente.

Cuando uno viaja fuera de Colombia comprueba la admiración que despierta en otras latitudes la gestión del Presidente precisamente por este asunto. No obstante, al regresar, uno se vuelve a chocar con la realidad de que somos un país con un conflicto armado cada vez más anacrónico en el mundo, al cual nos hemos acostumbrado. Precisamente por eso, quienes aspiran a gobernar el país no pueden hacer caso omiso de una realidad cuya solución sigue siendo demandada con urgencia por la ciudadanía. Con este hecho debe sintonizarse la estrategia electoral de los candidatos, pues pretender restarle relevancia o eludir su discusión sería irresponsable.

Por supuesto, no se trata de hacer de la seguridad democrática el único tema de campaña. En esta se deben incluir asuntos que están en mora de ser debatidos públicamente con mayor seriedad y amplitud: la pobreza, la falta de oportunidades, el desempleo, la ética de los funcionarios públicos, la calidad y la cobertura de la educación, la cultura cívica, la infraestructura vial, el diseño urbanístico de las ciudades, entre otros. Ojalá esta campaña no sea una colección de agravios mutuos cuya fecha de caducidad sea un futuro nombramiento diplomático. Sin embargo, la seguridad tiene que seguir siendo el tema prioritario de la agenda política nacional. Por lo menos hasta que nuestra dramática realidad cambie.

Apostilla: Valiente y pertinente la carta de Juan Gabriel Uribe en El Nuevo Siglo, en la que le pide al Procurador General esclarecer el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado.

Bogotá, 9 de junio de 2009.

Publicado en El Mundo, Medellín, 11 de junio de 2009.

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miércoles 3 de junio de 2009

Carta (no publicada) a El País

Señor Director,

No entiendo cómo si Monseñor Cañizares dice tres veces “No es comparable” el abuso a los menores con el aborto que ha dejado 40 millones de vidas asesinadas en España. Más aún, que tales abusos son un hecho desechable, condenable, por el que “tenemos que pedir perdón”, no entiendo, insisto, cómo la noticia de la edición electrónica de El País (28/5/2009) atribuye al Cardenal: “los abusos sexuales son menos graves que el aborto”. Menos lo entiendo cuando en la propia nota está en link a la entrevista televisiva
(http://www.tv3.cat/videos/1252199/Monsenyor-Antonio-Canizares)

Ojalá no sea mala fe del periodista. Quizás no vio la entrevista de la que informó. En cualquier caso, me parece que es, por lo menos, una grave desinformación que pone en duda la credibilidad del periódico cuando se refiere a la Iglesia. Que huele a rabioso anticlericalismo.

Buenos Aires, 3 de junio de 2009.

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viernes 29 de mayo de 2009

¿Profesor o activista?

Fue deportado desde México Miguel Ángel Beltrán, alias “Jaime Cienfuegos”, quien según las autoridades policiales hace parte del ala intelectual de las Farc, se dedicaba al reclutamiento de estudiantes, y es mencionado prolijamente en el computador de Raúl Reyes, de quien recibía instrucciones. Profesor de la Universidad Nacional, Cienfuegos estaba realizando estudios posdoctorales en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde también estaba contratado. Más allá de señalar que este caso ratifica la existencia del PC3 y la eficacia de la propaganda internacional fariana, quiero llamar la atención sobre el hecho de que un guerrillero sea profesor universitario.

Profesor es quien profesa públicamente –de ahí el nombre– un conocimiento y lo comparte con sus estudiantes, incentivándolos a que busquen por sí mismos dicho saber. También se llama docente porque muestra (docere) realidades que conoce previamente. Esta actividad es libre por definición: obedece únicamente a la búsqueda de la verdad que el profesor lleva a cabo esforzada y desinteresadamente. Del saber nace la autoridad sobre sus alumnos, la cual es ajena a la coerción o a la intimidación, y es reconocida por quien se pone voluntariamente en disposición de aprender, y en el mejor de los casos, ser formado.

Pero ¿qué pasa cuando quien enseña defiende intereses ajenos a la vida académica?, ¿qué pasa cuando las clases y las investigaciones solo son fachadas de propaganda y férreas ideologías?, ¿qué pasa cuando el profesor en vez de promover el espíritu crítico, la discusión razonada y la capacidad de rebatir con argumentos posturas contrarias, promueve un espíritu sectario, un pensamiento único, e incluso hace apología de delitos? Más aún, ¿qué pasa cuando el profesor puede imponer sus ideas violentamente? La vida académica se desnaturaliza, y aquel traiciona el ideal universitario que dice profesar, y también la confianza de los estudiantes, y de quienes leen sus publicaciones, de sus colegas, y de todos aquellos que creían que su labor era realizada por amor al saber. El supuesto profesor es en realidad un activista que sirve a una causa. Las ideas son instrumentales a ésta.

Lamentablemente las universidades están llenas de académicos de fachada, de activistas y de militantes. Las librerías están atiborradas de textos que no son sino documentados panfletos. No me refiero únicamente a los que sirven a la propaganda política de derecha o de izquierda, sino también a intereses económicos, étnicos o grupales, y a ideologías políticamente correctas. No es un asunto exclusivo de las ciencias humanas.

La posibilidad de que las ciencias sociales sean instrumentalizadas por propósitos políticos ha sido preocupación de varios intelectuales. Max Weber creyó encontrar la fórmula de la pureza metodológica al separar tajantemente los hechos empíricos de los valores. Si la ciencia hacía valoraciones perdía objetividad. Pero este modelo es insuficiente: la reflexión de ciertas cuestiones ponen de presente la imposibilidad de excluir elementos valorativos y las preguntas por el bien y la verdad. Leo Strauss, profesor de la Universidad de Chicago, señalaba que el científico social no es un árbitro externo imperturbable que en su perspectiva meramente empírica le da lo mismo observar triángulos, peces o seres humanos. Strauss reivindicaba el civismo como base desde la cual el científico social debía estudiar la realidad. Precisamente todo lo contrario de lo que hacen profesores como Cienfuegos.

Apostilla: La sanción de la Secretaría Distrital de Bogotá al Hospital San Ignacio es una arbitrariedad. Se quiere obligar a practicar abortos al personal de instituciones cuyos principios misionales son constitucionalmente legítimos. Tengo mucha esperanza en la labor que viene realizando Ilva Miryam Hoyos, Procuradora delegada para los derechos de la infancia, la vida y la familia. Los médicos y el personal administrativo “pro-vida” harían bien en informarse acerca de la desobediencia civil y la objeción de conciencia, herramientas legítimas de los ciudadanos ante injusticias como éstas. Claro, en un régimen democrático.

Buenos Aires, 26 de mayo de 2009.

Publicado en El Mundo, Medellín, 29 de mayo de 2009.

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sábado 23 de mayo de 2009

Hart y la configuración del Estado jurisdiccional. Una lectura schmittiana

El artículo sugiere la plausibilidad en el contexto colombiano contemporáneo de la hipótesis según la cual la recepción de las tesis de la discrecionalidad judicial planteadas por Herbert Hart constituyen la base de la configuración de lo que Carl Schmitt denominó el Estado jurisdiccional. El trabajo de investigación recurre a la definición conceptual tanto del Estado jurisdiccional como del papel discrecional que ejerce el juez según los presupuestos hartianos y que en América Latina ha tenido una fuerte influencia en el papel del juez constitucional, para concluir que en el marco de los actuales tribunales constitucionales la discrecionalidad judicial no solo ha conllevado un conflicto interno en la clásica división tripartita del poder público sino además, a la configuración de una forma de Estado donde los grandes problemas sociales, políticos y económicos son decididos por individuos que ejercen una función política pero que carecen de una responsabilidad del mismo tenor.

La versión completa puede leerse en:

http://dikaion.unisabana.edu.co/index.php/dikaion/article/view/1770/3951

Buenos Aires, 23 de mayo de 2009.

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martes 19 de mayo de 2009

Carta abierta a Daniel Pacheco

Respetado Daniel,

Hace falta creerse un sabio iluminado e ignorar que es una falta de pudor alardear de la propia inteligencia públicamente para escribir “Los uribistas son brutos”, la columna publicada en El Espectador.
Citar los medios de comunicación y columnistas críticos de Uribe como evidencia palmaria de que aquellos están en la verdad y la ciudadanía equivocada debido a su “ciega devoción” al Presidente es totalmente ilógico, pues precisamente usted pretende controvertir aquello de que el 71% de los colombianos, es decir, una mayoría según la última encuesta Gallup, aprueba la gestión del Presidente, y un 59% votaría favorablemente el referendo reeleccionista. En sana lógica cabe la pregunta: si la mayoría ciudadana no está en la verdad, ¿por qué sí habría de estarlo una mayoría mediática? Pero además es un argumento políticamente ingenuo, pues presupone que la información de los medios de comunicación se produce en una suerte de empíreo.

La inteligencia de la que usted presume tiene mucho de candidez, pues no es un consenso mediático ni de “los inteligentes” lo que juzga la labor de un mandatario. En una democracia es la opinión pública (que es más que medios de comunicación) y finalmente, las urnas.
Como cualquier otro, este Gobierno tiene muchos flancos para cuestionar. Y aclaro que es válido y necesario hacerlo. Pero recurrir al argumento de que los uribistas son brutos es, francamente, desesperación y pura vanidad insulsa.

Usted termina la columna con un llamado esperanzador, que en realidad es coherentemente vanidoso: “Pero si somos tan inteligentes, imposible que seamos incapaces de inventarnos una alternativa para descrestar uribistas”. La ciudadanía está esperando una propuesta de país alternativa que nos descreste, Daniel. Tienen hasta mayo de 2010.
Sin embargo, la suprema inteligencia que usted dice representar reconoce su propio atavismo y desconcierto al decir “¿Cómo montamos una fiesta mejor que la del Presidente? Aquí faltan ideas […] Ese es nuestro problema. Nuestro, no de Uribe, ni del criterio de la mayoría”.
En lo que sí creo que tiene toda la razón es en aquello de que los inteligentes “nos volvimos negativos, aburridos y repetitivos […] El tipo (Uribe) nos tiene tan amargados”.

El problema es que con argumentos como “nosotros somos inteligentes, ustedes los brutos”, nos están aburriendo a la mayoría, Daniel. Claro, a los que tenemos el privilegio de leerlos, y entenderlos.

P.D. Ante el sesgo metodológico de la ciencia política norteamericana del siglo XX, que pretendía juzgar la sociedad desde una cumbre, Leo Strauss reivindicó el valor político del sentido común, y señalaba que era un deber del científico social contar con este en sus investigaciones. Le recomiendo leerlo.

Buenos Aires, 19 de mayo de 2009.

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jueves 14 de mayo de 2009

¿Revisar el celibato?

Fernando Lugo y Alberto Cutié han estado en la agenda informativa de las últimas semanas por cuenta de sus conductas reprochables. El ex Obispo reconoció un hijo fruto de un estupro (relación sexual con una menor de edad) sólo cuando los medios publicaron la noticia. El célebre “Padre Alberto” fue fotografiado en unas playas de Miami Beach con una mujer de la que dice estar enamorado. Sumados al escándalo por las acusaciones de pederastia contra algunos sacerdotes, estos hechos han suscitado indignación y desconcierto en muchos creyentes. Otros ven en ello más evidencias de que la Iglesia debería abolir el celibato sacerdotal, pues allí está el responsable de estas situaciones.

Empezando por Pedro y Judas, la historia de la Iglesia ha estado marcada por incoherencias públicas de algunos de sus miembros. Es lógico pues se trata de una institución humana (y divina). No obstante, el riesgo es apelar a lo humano sólo para las conductas viles (como hizo Lugo), pues tan humano es errar como ser fiel a los compromisos asumidos y decir la verdad. No sé si ahora las incoherencias de los sacerdotes sean más frecuentes que en otras épocas. Lo que sí es cierto es que los medios de comunicación hacen posible la difusión de la información a escala planetaria, y por eso, a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia, ante los escándalos recientes sentimos cosas semejantes a las de un ciudadano paraguayo o un feligrés de la parroquia de Saint Francis.

Pero lo que me interesa destacar es que el argumento contra el celibato por la infidelidad de algunos sacerdotes es muy débil. No voy a entrar en honduras teológicas. Pero una razón lógica es que, si por el hecho de que algunos sacerdotes no son fieles al celibato hay que abolir éste, con el mismo razonamiento tendríamos que abolir la monogamia porque muchos esposos no tienen una sola mujer, o abolir la justicia como objeto del derecho porque muchos jueces fallan conforme a intereses espurios. En casos como éstos los que fallan son las personas, no las características de las instituciones, siendo estas razonables, por supuesto. Se pasa por alto también que miles de sacerdotes viven el celibato con alegría y fidelidad, es decir, no como algo impuesto y antinatural.

Hace más de 30 años (en 1967) Pablo VI publicó la encíclica “Sacerdotalis caelibatus”. Allí hacía frente a las críticas que ya en ese entonces se le hacían a esta disciplina, y señalaba cómo algunos planteaban: “¿No será ya llegado el momento para abolir el vínculo que en la Iglesia une el sacerdocio con el celibato? ¿No podría ser facultativa esta difícil observancia?” De la respuesta no sólo práctica sino sobre todo teológica y doctrinal que el Papa daba a estas inquietudes hay dos que adquieren mucha vigencia hoy.
Acerca de los candidatos al sacerdocio (seminaristas) apuntaba: “Los sujetos que se descubran física y psíquica o moralmente ineptos, deben ser inmediatamente apartados del camino del sacerdocio: sepan los educadores que éste es para ellos un gravísimo deber; no se abandonen a falaces esperanzas ni a peligrosas ilusiones y no permitan en modo alguno que el candidato las nutra, con resultados dañosos para él y para la Iglesia. Una vida tan total y delicadamente comprometida interna y externamente, como es la del sacerdocio célibe, excluye, de hecho, a los sujetos de insuficiente equilibrio psicofísico y moral, y no se debe pretender que la gracia supla en esto a la naturaleza”.

Finalmente, “si supiesen estos sacerdotes cuánta pena, cuánto deshonor, cuánta turbación proporcionan a la santa Iglesia de Dios, si reflexionasen sobre la solemnidad y la belleza de los compromisos que asumieron, y sobre los peligros en que van a encontrarse en esta vida y en la futura, serían más cautos y más reflexivos en sus decisiones, más solícitos en la oración y más lógicos e intrépidos para prevenir las causas de su colapso espiritual y moral”.

Apostilla: Desconcertante la actitud del Presidente con el reportero de la BBC. Tan reprochable es una visión sesgada (lo que le reclamó al periodista), como blindarse ante las críticas.

Publicado en El Mundo, Medellín, 14 de mayo de 2009.

Buenos Aires, 11 de mayo de 2009.

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domingo 10 de mayo de 2009

Alternancia

Se vienen esgrimiendo públicamente muchos argumentos en contra de una segunda reelección del Presidente Uribe. Entre ellos el más sobresaliente es el que destaca su inconveniencia para las instituciones y la democracia del país. Sin embargo, yo creo que al debate le está faltando algo de sinceridad, y con ello, algo de agudeza politológica. Me explico. No se ha dicho claramente que hay sectores en el país que quieren acceder a gobernar. Para otros es volver a hacerlo. Obviamente es una aspiración legítima, pero que se seguirá desdibujando mientras Uribe esté en el poder, entre otras cosas, porque él ha interpretado mejor que nadie el principal reclamo ciudadano (la seguridad), y con la apabullante popularidad que se sigue de ello ha neutralizado a sus contrincantes políticos, incluidos quienes defienden sus tesis.

Insisto, se debería decir con claridad que hay sectores políticos que quieren gobernar el país, pues esa aspiración es legítima y válida. Porque sostener que una segunda reelección lleva a la dictadura como hizo el senador Petro, o que en el país sólo hay un poder, el ejecutivo, como afirma el editorial de la revista Semana es falso. Esto último no sólo es contradictorio con la férrea defensa que la revista ha hecho del papel de la Corte Suprema en el caso de la parapolítica (destacando siempre su independencia y firmeza), sino que además desconoce la total libertad que tienen medios como Semana, El Espectador, Noticias Uno, o Caracol Radio, además de periodistas y columnistas para publicar sin cortapisas sus críticas al Gobierno.

A mí el argumento que más me convence para estar en contra de la segunda reelección del Presidente, y en esto soy totalmente schumpeteriano, es el de la alternancia, es decir, la democracia supone el relevo de las élites gobernantes, y si Álvaro Uribe no se hace al costado en 2010 estaremos sacrificando una importante generación de líderes que perfectamente podrían continuar las políticas exitosas del actual Gobierno, e implementar otras.
Temo que la exageración o falsedad de los argumentos, así como la indignación de tantos intelectuales y formadores de opinión no persuadirán a los reeleccionistas. Quizás generan el efecto contrario.

Buenos Aires, 10 de mayo de 2009.

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